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1. Dostoevsky. Crimen y castigo (Spanish. Преступление и наказание). Sexta parte. Capitulo II
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Часть текста: me ha dicho: "El tabaco no le va nada bien. Tiene usted los pulmones dilatados." No lo dudo, pero cómo dejar el tabaco? Por qué otra cosa lo puedo sustituir? Yo no bebo: eso es lo malo... Je, je, je! Toda mi desgracia viene de que no bebo. Pues todo es relativo en este mundo, Rodion Romanovitch, todo es relativo. "Ya está de nuevo con sus tonterías", pensó Raskolnikof, contrariado. Al punto le vino a la memoria su última entrevista con el juez de instrucción, y este recuerdo trajo a su ánimo todos sus anteriores sentimientos. -Anteayer por la tarde estuve aquí, no lo sabía usted? -continuó Porfirio Petrovitch, paseando una mirada por la habitación-. Estuve aquí dentro. Al pasar por esta calle se me ocurrió, como se me ha ocurrido hoy, hacerle una visita. La puerta estaba abierta de par en par. Esperé un momento y me volví a marchar sin ni siquiera ver a la sirvienta para darle mi nombre. Nunca cierra usted la puerta? El rostro de Raskolnikof aparecía cada vez más sombrío. Porfirio pareció adivinar los pensamientos que lo agitaban. -He venido a darle una explicación, mi querido Rodion Romanovitch. Se la debo -dijo sonriendo y dándole una palmada en la rodilla. Su semblante cobró de pronto una expresión seria y preocupada. Incluso pasó por él una sombra de tristeza, para gran asombro de Raskolnikof, que jamás había visto en él nada semejante ni le creía capaz de tales sentimientos. -Hubo una escena extraña entre nosotros, Rodion Romanovitch, la última vez que nos vimos. Pero entonces... En fin, he...
2. Dostoevsky. El adolecente (Spanish. Подросток). Tercera parte. Capítulo X
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Часть текста: con Ana Andreievna no había podido propagarse por el gran mundo y había sido de momento, por así decirlo, ahogada en germen, el débil anciano, del que se podía concebir todo, no habría consentido jamás, por nada en el mundo, en abandonar su idea y en traicionar a Ana Andreievna, que le había pedido que se casara con ella. En este aspecto era un caballero; tarde o temprano, podría levantarse de repente y poner en ejecución su proyecto con una energía indomable, cosa que sucede tan a menudo, precisamente en los caracteres débiles, porque hay un límite más allá del cual no conviene empujarlos. Además se daba cuenta perfectamente de la situación delicada de Ana Andreievna, a la que respetaba infinitamente, así como de la posibilidad de rumores, burlas y comentarios de mal gusto a cuenta de ella. La que lo calmaba y lo detenía de momento, era únicamente que Catalina Nicolaievna no se había permitido nunca, ni con...
3. Dostoevsky. Los hermanos Karamazov (Spanish. Братья Карамазовы). Tercera parte. Libro VII. Aliocha. Capitulo II. El momento decisivo
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Часть текста: dirigió, tristemente, a Aliocha -"Te has unido a los hombres de poca fe?"-, yo podría contestar sin temor a equivocarme: "No, no se ha unido a ellos. " Era precisamente todo lo contrario: el trastorno intimo que se había apoderado en él procedia de la pureza y el fervor de su fe. Sin embargo, el trastorno existía, y era tan cruel, que mucho tiempo después Aliocha consideraba aún aquella jornada como una de las más amargas y funestas de su vida. Si me preguntaran: "Es posible que experimentara tanta angustia y turbación únicamente porque el cuerpo de su starets , en vez de producir curaciones, se había descompuesto con tanta rapidez?", mi respuesta sería inmediata. "Sí, eso fue. " Ruego al lector que no se precipite a reirse de la simplicidad de nuestro joven. No solamente no considero que haya que pedir perdón por la ingenuidad de su fe, debida a su juventud, a los escasos progresos realizados en sus estudios y a otras causas parecidas, sino que declaro que su modo de sentir me infunde respeto. Es muy posible que otro joven, acogiendo con reservas los impulsos de su corazón, tibio y no ardiente en sus afectos, leal pero demasiado juicioso para sus años, es muy posible que este joven no hubiera hecho lo que hizo el mío. Pero en ciertos casos es más digno dejarse llevar de un impulso ciego, provocado por un gran amor, que oponerse a él. Y especialmente cuando se trata de la juventud, pues yo creo que un joven juicioso en todo momento no vale gran cosa. -Pero...
4. Dostoevsky. Los hermanos Karamazov (Spanish. Братья Карамазовы). Cuarta parte. Libro X. Los muchachos. Capítulo III. El colegial
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Часть текста: sonar con todas sus fuerzas. Sin duda, era una señal convenida. Un minutó después salió de su casa un niño de once años, de tez colorada y protegido, como Kolia, por un recio y elegante gabán. Este muchacho era Smurov, alumno de la clase preparatoria (Kolia estaba ya en la sexta) a hijo de un funcionario acomodado, al que sus padres habían prohibido que fuera con Krasotkine, cuya conducta les parecía vergonzosa; de modo que Smurov había tenido que salir de su casa furtivamente. Como el lector recordará, Smurov formaba parte del grupo que había apedreado a Iliucha hacía dos meses, y él fue el que habló con Aliocha Karamazov. -He estado una hora esperándote, Krasotkine -dijo sin rodeos Smurov. Los dos chicos siguieron el camino de la plaza. -Si me he retrasado -repuso Kolia-, la culpa no ha sido mía, sino de las circunstancias. No te azotarán por haberte reunido conmigo? -Qué ocurrencia! A mí no me azotan nunca... Ya veo que está aquí Carillón. ...
5. Dostoevsky. El adolecente (Spanish. Подросток). Tercera parte. Capitulo VI
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Часть текста: establecimiento, en una sala trasera, se podía en efecto comer ostras, y nos instalamos en una mesa cubierta por un mal mantel sucio. Lambert pidió champaña; una copa llena de un vino frío color de oro apareció delante de mí, mirándome con aire atractivo; pero yo estaba descontento. -Mira, Lambert, lo que más me ofende es que te figures que puedes todavía darme órdenes como en casa de Tuchard, siendo así que aquí eres tú el esclavo de todos. -Imbécil! Vamos, brindemos! -Ni siquiera te molestas en fingir delante de mí; si, por to menos, disimulases que quieres hacerme beber... -Estás diciendo tonterías y estás borracho. Es preciso seguir bebiendo, y te sentirás más alegre. Vamos, coge tu cops, cógela. -Cómo es eso de "cógela"? Voy a irme, eso es todo. Y en efecto, iba a levantarme. Le entró una gran cólera. -Es Trichatov quien te ha contado historias contra mí: os he visto, murmurabais juntos. Pues bien, no eres más que un imbécil. A Alphonsine se le revuelve el estómago cuando él se le acerca... -Es repugnante. Ya te contaré lo que vale. -Ya me lo has dicho. A cada momento tienes en la boca a Alphonsine. Eres terriblemente estrecho. -Estrecho? - No comprendía -. Ahora se han puesto de acuerdo con el picado de viruelas. Por eso los he despedido. Son indecentes. Ese picado de viruelas es un canalla, va a pervertirlos. Yo, por el contrario, exigía que se comportasen siempre noblemente. Me senté, cogí...

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