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1. Dostoevsky. Los hermanos Karamazov (Spanish. Братья Карамазовы). Cuarta parte. Libro XI. Iván Fiodorovitch. Capitulo IX. El diablo. Visiones de Ivan Fiodorovitch
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Часть текста: organismo debilitado. Aun sin conocer los secretos de la medicina, me atrevo a exponer la hipótesis de que, mediante un extraordinario esfuerzo de voluntad, había conseguido retrasar la explosión del mal, con la esperanza, desde luego, de vencerlo definitivamente. Sabía que estaba enfermo, pero no quería entregarse a su enfermedad en aquellos días decisivos en que debía obrar y hablar resueltamente, "justificándose a sus propios ojos". Había visitado al médico traído de Moscú por Catalina Ivanovna. Éste, después de escucharlo y reconocerlo, diagnosticó un trastorno cerebral, y no se sorprendió de cierta confesión que el paciente le hizo contra su voluntad. -Las alucinaciones -dijo el doctor- son muy posibles en su estado, pero hay que controlarlas. Además, debe cuidarse mucho. De lo contrario, se agravará. Pero Iván Fiodorovitch desoyó este prudente consejo. "Todavía tengo fuerzas para andar -se dijo-. Cuando caiga, que me cuide quien quiera." Dándose cuenta, aunque de un modo vago, de que sufría una alucinación, miraba con obstinada fijeza aquello que estaba en el diván de enfrente. Era un hombre que había aparecido de pronto. Sólo Dios sabía cómo y por dónde había entrado, pues no estaba allí al llegar Iván después de su visita a Smerdiakov. Era un señor, un caballero ruso qui frisait la cinquantaine, de cabello largo y espeso que empezaba a encanecer y barba puntiaguda. Llevaba una chaqueta de color castaño, de buen corte, pero anticuada: hacia tres años que había pasado de moda. La camisa blanca, su largo pañuelo de seda, y todo en él hacía pensar en el hombre distinguido...
2. Dostoevsky. Los hermanos Karamazov (Spanish. Братья Карамазовы). Primera parte. Libro III. Los sensuales. Capitulo VIII. Tomando el coñac
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Часть текста: Formará parte de la vanguardia cuando llegue el momento. -De la vanguardia? -Sí. Habrá otros mejores, pero también muchos como él. -Cuándo llegará ese momento? -El cohete arderá, pero no hasta el fin. Por ahora, el pueblo no presta atención a estos marmitones. -Desde luego, esta burra de Balaam no cesa de pensar, y sabe Dios adónde le llevarán sus pensamientos. -Almacena ideas -observó Iván sonriendo. -Oye: yo sé que no me puede soportar. Ni a mí ni a nadie. Y a ti tampoco, aunque creas que le ha dado por respetarte. A Aliocha lo desprecia. Pero no es un ladrón ni un chismoso. No va contando por ahí lo que aquí ocurre. Además, hace unas excelentes tortas de pescado... En fin, que se vaya al diablo! No vale la pena hablar de él. -Desde luego. -Yo siempre he creído que el mujik necesita ser azotado. Es un truhán que no merece compasión, y conviene pegarle de vez en cuando. El abedul ha dado fuerza al suelo ruso; cuando perezcan los bosques, perecerá él. Me gustan las personas de ingenio. Por liberalismo, hemos dejado de vapulear a los mujiks , pero siguen azotándose ellos mismos. Hacen bien. "Se usará con vosotros la misma medida que vosotros uséis". Es así, verdad?... Mi querido...
3. Dostoevsky. Los hermanos Karamazov (Spanish. Братья Карамазовы). Cuarta parte. Libro X. Los muchachos. Capítulo VI. Desarrollo precoz
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Часть текста: Capítulo VI. Desarrollo precoz CAPÍTULO VI DESARROLLO PRECOZ -Qué dirá el doctor? -preguntó Kolia-. Tiene una cara repelente, verdad? La medicina es algo que no puedo sufrir. -Mucha no tiene salvación: esto es lo que estoy temiendo que diga el doctor -repuso Aliocha con profunda tristeza. -Los médicos son unos charlatanes... Oye, Karamazov: me alegro de haberte conocido; hace mucho tiempo que lo deseaba. Lo que me apena es que esta amistad haya empezado en circunstancias tan tristes. Kolia habría deseado decir algo más expresivo, más afectuoso, pero estaba un poco turbado. Aliocha lo advirtió y le tendió la mano. -Hace tiempo que te considero como un ser raro, pero respetable -siguió diciendo Kolia, aturdido-. Me han dicho que eres un místico, que has vivido en un monasterio. Pero esto no me importa. El contacto con la realidad te curará. Así les ocurre siempre a los que son como tú. -A qué llamas un místico? De qué me he de curar? -preguntó Aliocha un tanto sorprendido. -Pues te has de curar de Dios y... de todo eso. -Es que tú no crees en Dios? -No tengo nada contra Él. En verdad, Dios no es más que una hipótesis. Sin embargo, reconozco que... que es necesario para ordenar la vida... y para otras cosas... Tanto -terminó Kolia, empezando a enrojecer-, que si Dios no existiera, habría que inventarlo. De pronto, pensó que Aliocha podía creer que hablaba para darse importancia, para exhibir su erudición. "Sin embargo -se dijo, irritado-, nada más lejos de mi ánimo que alardear de cultura ante él." Se sentía profundamente contrariado. -Estas discusiones me repugnan -declaró-. Se...
4. Dostoevsky. El adolecente (Spanish. Подросток). Primera parte. Capítulo II
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Часть текста: sido romper de golpe con ellos, lo que no me asustaba en lo más mínimo, pero era contrario a mis objetivos esenciales. Así, pues, acepté la colocación, esperando, sin decir palabra; defender mi dignidad con mi silencio. Diré ahora mismo que este príncipe Sokolski, rico y consejero privado (12), no era en forma alguna pariente de los príncipes Sokolski de Moscú (miserables desde hacía varias generaciones) con los que Versilov estaba enfrentado en aquel proceso. Lo único que tenían de semejante era el apellido. Sin embargo, el viejo príncipe se interesaba mucho por ellos y quería de uná manera muy especial a uno de ellos, el jefe por así decirlo de la familia, un oficial joven. Versilov, hasta hacía poco, había tenido una influencia inmensa en los asuntos de aquel viejo y era su amigo, un amigo muy singular, puesto que aquel pobre príncipe, según he podido darme cuenta, le tenía un miedo terrible, no solamente en la época que entré a su servicio, sino también, creo, en todo el tiempo que duró aquella amistad. Por lo demás, desde hacía tiempo, ya no se veían; el acto...
5. Dostoevsky. Los hermanos Karamazov (Spanish. Братья Карамазовы). Cuarta parte. Libro X. Los muchachos. Capitulo IV. Escarabajo
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Часть текста: cuando nos conozcamos. Qué lástima que yo sea un chico bajo! Tuzikov tiene menos edad que yo y me lleva la mitad de la cabeza. No soy guapo, sino que mi cara bien puede calificarse de fea; pero soy inteligente. No debo mostrarme demasiado expansivo: si me arrojara en seguida en sus brazos, creería que... Qué vergüenza si lo creyera!" Así se inquietaba Kolia, aunque se esforzaba por mostrar un aire de despreocupación. Su falta de estatura lo atormentaba más todavía que su supuesta fealdad. Desde hacía un año, cada dos meses marcaba con una raya de lápiz su altura en una de las paredes de la casa y, con el corazón palpitante, comprobaba lo que había crecido. El crecimiento, ay!, era tan lento, que Kolia se desesperaba. Su rostro no era feo, como él decía, sino todo lo contrario: tenía un encanto singular. Su pálida tez estaba salpicada de pecas. Sus ojos, grises y vivos, miraban francamente, y a veces brillaban de emoción. Tenía los pómulos un poco anchos; los labios, pequeños y delgados, pero muy rojos; la nariz, respingona. " Completamente chata!", murmuraba Kolia cuando se miraba al espejo y se. retiraba indignado. "Ni siquiera debo de tener el aspecto de persona inteligente", se decía a veces, dudando incluso de esto. Pero sería un error creer que la preocupación por su cara y su escasa estatura lo absorbía por completo. Por el contrario, por muy humillado que se sintiera al mirarse al espejo, olvidaba pronto la humillación para "dedicarse por entero a sus ideas y a...

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